A veces, aunque tengamos claros nuestros sentimientos, no podemos finalizar o disfrutar una relación porque el vínculo está lleno de asuntos pendientes y emociones negativas. En el caso de las rupturas amorosas, por ejemplo, es muy importante hacer un buen cierre de la relación. Nos permite pasar página y extraer un aprendizaje positivo de la experiencia. Nos deja preparados para poder encontrar otra pareja con la que podamos ser más felices y evita que volquemos sobre ella las frustraciones que no resolvimos con la anterior.

Es indiferente si dejarlo es una decisión propia o del otro, en ambos casos podemos quedarnos enquistados en el enfado, la culpa, el reproche o la tristeza si no logramos soltar con autenticidad la relación. Incluso intentamos borrar todo rastro de esa persona creyendo que así dejaremos de sufrir, pero elaborar una verdadera despedida requiere un proceso inverso: tenemos que revisar lo que hemos vivido con ella para llegar a la aceptación y al agradecimiento.

Igualmente ocurre en el caso de la pérdida de personas queridas. Tanto si es imprevista como anticipada, nos cuesta digerir que esas personas ya no están más en nuestras vidas, y podemos sentir que se quedaron asuntos sin resolver y cosas sin decir que nos generan emociones contradictorias.

Además de ayudar en estos casos de separación o pérdida, este taller también está dirigido a aquellas personas que quieren mejorar alguna relación afectiva o de pareja: favorecer una comunicación más fluida con la otra persona, eliminar dinámicas de defensa, malinterpretaciones, juicios o acusaciones y abordar problemas concretos que están afectando a la relación.

En definitiva, se trata de un trabajo individual que permite detenerse a revisar un vínculo importante, sea familiar (padre, madre o hermanos), de pareja o de otra índole (amistad, relación laboral, etc.) y tomar conciencia de lo que habitualmente está negado e impide una buena relación. Al asumir nuestra responsabilidad y atravesar este proceso, la defensa acaba cayendo y podemos conectar más con lo que hay, con nosotros y con el otro, para desde ahí poder sentir un reencuentro con la persona querida o decir adiós desde un lugar diferente.